Pasear sin correa, ¿acierto o peligro?

Publicado por Team GUAU&CAT en

paseo sin correa

Sabemos que nuestros peludos deben explorar y tienen todo el derecho del mundo a sentirse un poco más liberados de vez en cuando y pasear sin correa. Pero seamos honestos, ¿cuál es la forma correcta de hacerlo? ¿Cuándo no es buena idea? ¿Qué peligros conlleva? ¿Es cómodo? ¿Es seguro?

Llevar a nuestro peludo desatado, y que esté lo suficientemente bien educado y adiestrado, no siempre es suficiente para hacerlo. Aquellos que vivimos en ciudad, bien sabemos los peligros y problemas que tiene que un perro no vaya atado de su correa.

Pongamos un ejemplo. Tú llevas a tu perro atado con correa, y yo llevo al mío sin atar. Es muy sociable y le gustaría conocer al tuyo. Con lo cual se acerca felizmente hacia ti para saludaros. Resulta que tu peludo no es tan sociable, y de hecho no está a gusto con la situación y se siente atacado. Realmente no va a ser atacado, pero su instinto manda. Muerde a mi perro. ¿Quién es el culpable? Evidentemente, y es un ejemplo sencillo, la culpa es mía. Porque mi perro a pesar de no ser agresivo, va desatado y yo tendría que ser responsable y por lo tanto, haberle enseñado que siempre debe ir a mi lado.

En cualquier posible ejemplo donde haya un altercado y un perro salga malherido, la culpa siempre va a ser (sin excepciones) de quien lleve a su peludo sin atar. Y no es porque así lo dicte la ley (que también). Sino porque siempre que vayan atados, estos problemas no existirán.

Ahora bien, en un supuesto caso en que dos perros estén desatados paseando (no estamos hablando de estar en un parque, sino de pasear). Y surge una pelea en que uno de los dos peludos sale malherido… La culpa no es del perro que ha dañado al otro. La culpa es de los dos propietarios que llevan a sus perros desatados. Y la ley, podría dar la razón al que tiene un perro que no ha empezado la pelea. Pero todos sabemos que no es así. Los perros son animales con instintos naturales que los llevan a cometer errores por proteger lo suyo o su propia integridad, tuvieran o no motivos para pelear. Y esto es algo que los humanos debemos entender.

No os pasa que vais a los parques, donde los perros pueden estar sueltos, y veis a cuatro o cinco personas en círculo hablando, ¿sin ver qué hacen sus perros? En todas las zonas ocurre esto. Independientemente de si es ciudad, pueblo o campo. ¿Es peligroso? Sí. ¿Tiene por qué ocurrir algo? No. Pero, ¿puede ocurrir? Por supuesto.

peligros paseo sin correa

Queremos protegerlos, y debemos hacerlo. Llevarlo desatado no es una opción. Cuando hablamos de pasear, por supuesto. El perro no se siente menos libre por llevar una correa. A no ser que no sepamos llevar a nuestro peludo con correa… De hecho, en nuestro mismo blog podéis encontrar Un paseo ideal para mi perro y para mí. Donde hablamos de las mejores formas de conseguir un paseo tranquilo, y que sea positivo en todos los sentidos posibles. Hay mil formas más que podrían añadirse a un paseo perfecto. Pero ahí tenéis varias claves que os pueden servir.

Dejando de lado eso, ¿cuál es el motivo de llevarlo desatado? Realmente el término libertad, ¿dónde tiene el límite? ¿Dónde empieza esta? ¿No llevar una correa en la mano nos da más libertad a nosotros? ¿Menos trabajo? Si le hemos enseñado a nuestro peludo a ir a nuestro lado, genial, podemos pasear tranquilos. Pero llevarlo desatado por la calle donde hay coches, personas, más perros, ruidos… ¿Es necesario? Existen correas que fácilmente se pueden atar a la cintura o cruzadas como un bolso largo. Eso les daría la misma libertad, ¿no? Tu perro nunca va a asustarse y a salir corriendo, hasta el día en que lo haga. Tu perro nunca atacará a otro perro, hasta el día en que lo haga.

Las leyes por las cuales debe obligarse a atarlos en la calle, no están hechas para molestarnos ni ponernos zancadillas y que estemos malhumorados por tener que hacerlo. Sino porque la seguridad de, no solo el resto de personas y perros que hay por la calle, sino también por la nuestra y la de nuestros peludos, es más importante que el hecho de que creamos que se sienten más libres.

Nuestros peludos ya son libres. En el momento en que les permitimos ser felices a nuestro lado. Tienen cientos de zonas adaptadas a que ellos puedan correr, saltar, brincar, perseguirse, restregarse en la arena, la tierra o la hierba. Pero no hay zonas adaptadas al paseo sin que exista una posibilidad, aunque sea entre miles de miles, de que ocurra algo que nos haga tener que entenderlo a la fuerza.

Es totalmente comprensible que tras muchos años llevando a nuestro perro sin atar, demos por hecho que nunca va a ocurrir nada. Pero, también creemos que nunca le va a pasar nada al de al lado hasta que le pasa, ¿verdad? Protegerlos no debería ser una opción. Debería ser algo que nosotros mismos entendiéramos desde el momento en que queremos que formen parte de nuestra vida.

¿Cuántas historias se han escuchado (y seguro que las habéis escuchado) de altercados entre peludos? Independientemente de las razones o motivos por las que ocurrieran. Si podemos poner de nuestra parte para que las posibilidades de que nos ocurran a nosotros sean mínimas, ya habremos cumplido como padres perrunos.


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